¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo solo para ti? No para los tuyos. No para el trabajo. Solo para ti. Si la respuesta tardó más de tres segundos, ya sabes por qué este libro existe.
— Presentación
Viene a mostrarte lo que ya sabes. Hay libros que te dicen que puedes. Este te pregunta por qué no lo has hecho. Porque el problema nunca fue que no supieras. El problema es lo que llevas tiempo evitando ver de frente.
Sabes exactamente qué está mal. No necesitas que nadie te lo explique. Lo que falta es dejar de hacerse el que no lo sabe.
Hay un cansancio que no es de dormir poco. Es de años cargando cosas que nadie más ve. El de afuera solo se lo imagina. Tú lo sabes.
No es el momento, dices. Cuando las cosas mejoren. Y mientras tanto el día pasa. Y el año. Sin preguntarte nada.
Si llegaste hasta aquí y alguna de esas frases la dijiste esta semana, este libro está escrito para ti. No para salvarte. Para que te veas.
Sobre esta obra
Sin fórmulas. Sin optimismo de empaque. Sin el hombre que lo perdió todo y lo volvió a ganar. Solo lo que encontró alguien que aprendió a dejar de llegar tarde a su propia vida.
En Venezuela uno aprende desde chico a aguantar. A resolver. A ser el primero cuando todos necesitan y el último cuando se trata de uno mismo. Y eso tiene un costo que no aparece en ninguna factura, pero se acumula igual, año tras año, sin que nadie lo note porque tú siempre estás bien.
Este libro empieza con Julián, que se levanta a las 4:45 de la mañana y tiene exactamente dos segundos frente al espejo antes de cerrar los ojos. Porque hay cosas que uno aprende a evitar aunque las tenga enfrente todos los días. Eso también es una decisión, aunque no se sienta como tal.
Treinta y ocho capítulos. Sin manual. Sin sistema. Hay personajes que uno conoce en cualquier barrio venezolano: Marcos con su caja de herramientas bajo la mata de mango que vale más que los carros que repara. Yoleida contando el tiempo de una manera distinta desde una sala de oncología. Doña Carmen con sus diseños en el cajón desde hace veinticinco años. Verónica que empezó desde cero en Bogotá porque esperando en Caracas no iba a pasar nada.
Escrito desde Calabozo, con fecha, con apagones de fondo. Porque este libro no pretende ser atemporal. Es un parte de guerra desde adentro. Para el que carga.
5 bloques · 38 capítulos · Un solo despertar
El mundo que nos formó. Julián y los cuatro años de letargo. Doña Rosa y el mango de bocado que nadie recogió. La frontera del Táchira como sala de trading a cielo abierto. El espejismo del país que "se arregló".
Capítulos 1 – 4Cuando sobrevivir se convierte en el único horizonte. La matemática del tiempo que desapareció mientras uno estaba ocupado. Miguel, el conserje de su propio caos. Las tres de la madrugada sin luz y sin excusas. El mercado negro de la albúmina a las dos de la mañana.
Capítulos 5 – 16El territorio interior donde todo empieza o termina. Sofía con veintidós años de voz y ningún video grabado. Yoleida en la sala de oncología, contando el tiempo de otra manera. El fuego controlado del llanero que quema para que nazca algo nuevo.
Capítulos 17 – 21Los que construyeron cuando todo indicaba que no se podía. Marcos bajo la mata de mango con la caja de herramientas. Doña Carmen y sus diseños en el cajón. Verónica en Bogotá que empezó. El hijo sentado en la mesa del comedor ejecutando sin que nadie se lo pidiera.
Capítulos 22 – 32Lo que queda cuando decidiste cruzar el umbral. La puerta de madera pesada que no tenía llave. La conversación que este libro no puede tener por ti. Hoy, que es el único día que existe y el único que no va a volver.
Capítulos 33 – 38Llevas tiempo siendo el primero que llega y el último que descansa. El que resuelve, el que sostiene, el que nadie se pregunta cómo está porque siempre está bien. Y tú lo permites. Porque te acostumbraste. Porque en algún momento dejó de doler, y eso es exactamente lo que más debería asustarte.
— Cap. 7 · El que siempre está bienVoy a contarte algo que me da un poco de vergüenza admitir. Durante mucho tiempo, el mejor amigo que tuve fui yo mismo en el baño a las cinco y media de la mañana. Es el único lugar donde uno se dice la verdad. Y en Venezuela ese espacio tiene un valor adicional: a veces es el único momento de silencio real del día.
— Cap. 8 · La Conversación en el BañoLa diferencia entre un desastre y una transformación está en una sola palabra: controlada. El fuego sin control destruye; el fuego con intención, transforma. Yo tuve que prenderle fuego a mi vida. Acorralado, con una familia que sostener, me vi contra la pared. Y decidí que la pared no era el final.
— Cap. 20 · El Fuego que ObedeceEl problema no es que no sepas lo que tienes que hacer. Eso ya lo sabes. El problema es que llevas meses — quizás años — esperando un permiso que nadie te va a dar. Porque la única persona que puede dártelo ya la conoces. La ves en el espejo todas las mañanas.
— Cap. 23 · El PermisoEl Autor
Calabozo, Estado Guárico · Venezuela
No escribe desde la distancia del que observa. Escribe desde adentro: desde los apagones de Calabozo, desde la nevera sonando a las doce de la noche, desde haber sido el que resuelve los problemas de todos mientras los suyos propios esperaban en la fila. Venezolano de 47 años. El que se quedó cuando los que podían irse se fueron.
Fundador de Windowstelecom. Padre. Conoce de cerca lo que cuesta ser imprescindible para todos y al mismo tiempo un extraño para uno mismo. Ha visto cómo la emergencia permanente convierte el tiempo en algo que simplemente desaparece sin que nadie firme su partida.
Este no es el libro de un hombre que llegó al otro lado. Es el libro de alguien que vio la puerta, tomó la decisión de abrirla, y lo escribe en voz alta. Porque hay demasiadas personas que la tienen enfrente y todavía no saben que la llave siempre estuvo con ellos.
"No vengo a decirte que puedes. Eso ya lo sabes. Vengo a preguntarte por qué no lo has hecho. Porque a las doce de la noche en Calabozo, cuando el silencio pesa y los míos duermen, hay una guerra que nadie ve y nadie va a aplaudir. De un lado el teléfono. Del otro el cuaderno. Cada noche que uno elige el cuaderno tiene un costo. Pero también cada noche que no lo hace."
Lo que salió a pulso no debería tener candado. Ese fue el trato desde el primer día. Si estas páginas te dijeron algo que ya necesitabas escuchar, y quieres apoyar para que siga llegando a más personas, puedes hacerlo aquí.